miércoles, 21 de agosto de 2013

Para 5º 4ª E.E.M.Nº 8 Estado de Bienestar


5º 4ª - Estado de Bienestar

El Estado de bienestar


Fue creado en la Europa de posguerra, puede definirse como la institucionalización de los derechos sociales de los ciudadanos.  El Estado provee a los ciudadanos determinadas prestaciones en forma de subsidios, ayudas o pensiones, y brinda un conjunto de servicios sociales, generalmente, en materia de salud y educación.

El estado de bienestar es el conjunto de servicios sociales (pensiones, cobertura de desempleo, salud, educación) que garantizan a los ciudadanos un nivel de subsistencia.

Originalmente, al tratar de frecer a todos los ciudadanos unos servicios mínimos en forma de prestaciones como educación, salud, salario mínimo, pensiones, cobertura de desempleo,etc., pretendía erradicar la pobreza en Europa tras la guerra.  El estado de bienestar contribuyó a vertebrar la Europa arruinada por la Segunda Guerra Mundial en un concenso sin precedentes, y logró una convivencia difícil de alcanzar.  Mediante este proceso, el Estado se convirtió en una especie de árbitro para las distintas clases sociales y paralelamente, despolitizó y desautorizó las posibles revueltas sociales en aquellos lugares en que las desigualdades eran muy acusadas.  De esta forma se intentaba evitar el contagio de las ideas comunistas que regían entonces en Europa del Este.

Como resultado, el estado de bienestar es, desde hace medio siglo, un elemento clave de la cultura europea y ha caracterizado un modelo de crecimiento a largo plazo.

El ejemplo europeo fue seguido por otros países.  En América Latina, sobre todo, el Estado sumió funciones similares luego de la Segunda Guerra Mundial.

El debate sobre el estado de bienestar


Se ha abierto un debate central, algunos se preguntan si el estado de bienestar no se ha convertido en una rémora (obstáculo que detienen o entorpece)  para el futuro.  La clave radica en saber si las iniciativas lanzadas para aliviar la pobreza están provocando hoy déficits públicos ingobernables y aumentos del desempleo, pues propician salarios elevados que tienen como marco de referencia unos subsidios de desempleo que no invitan a trabajar.  Se cree que las subvenciones creadas por el estado de bienestar han limitado los incentivos para trabajar.

La magnitud de la quiebra fiscal del Estado, originada por una necesidad creciente de prestaciones y un menor número de contribuyentes, la cuestión para debatir es si existe la posibilidad de mantener los sistemas de protección social y a la vez generar empleo.

El estado de bienestar ha funcionado mientras la prosperidad hizo posible un aumento de la presión fiscal que compensase las desigualdades más extremas, mediante un aumento de los servicios sociales.  Cuando los ritmos de crecimiento disminuyeron, los déficit públicos empezaron a hacerse excesivos.

En América Latina en general y en Argentina en particular, buena parte del estado de bienestar fue desmantelado en los años noventa durante el auge de las políticas económicas de cuño neoliberal.  La crisis en que culminaron tales políticas obligó a generar nuevos mecanismos de lucha contra la pobreza.  En nuestro país en 2002 se implementaron los planes Jefes y Jefas de Hogar Desocupados.


El futuro del estado de bienestar

Existen tres posturas:  
·                     Los neoliberales sostienen que el estado de bienestar debe ser desmantelado para que actúen las fuerzas del mercado, pues genera más ineficiencias que beneficios.
·                     Otros que debe reformarse, para hacerlo compatible con la necesaria contención del gasto público, lo que implica profundos recortes en algunas de las prestaciones.
·                     Los defensores de una tercera postura afirman que el estado de bienestar forma parte esencial de la lucha contra la desigualdad y en consecuencia debe mantenerse.
Al margen de las distintas opiniones políticas, las fuerza de los hechos está demostrando que el estado de bienestar precisa una reforma y actualización que permita que aquellos que realmente lo necesiten, puedan ejercer los derechos adquiridos.  Así buena parte de slos países europeos ha iniciado un proceso de revisión de los niveles de asistencia, en unos casos al alza y en otros  a la baja, evitando ineficiencias y eliminando los corporativismos.


TIPOS DE ESTADO DE BIENESTAR


III. Los años dorados en el capitalismo central

Sobre la base del grado de desmercantilización y teniendo en cuenta quiénes promovieron el Estado de bienestar, existe un destacado consenso en reconoce tres principales tipos de Estado de bienestar: el liberal, el conservador y el socialdemócrata. El primero se basa ante todo en un principio de asistencia social con verificación de ingresos. Los niveles de los subsidios –pensiones, salud, desempleo– son bajos y se les suman pensiones complementarias y seguros de salud privados (o negociados por los sindicatos), que a su vez se ven favorecidos por exenciones impositivas concedidas a empresas privadas. Los servicios de bienestar se encomiendan en gran medida al mercado. La consecuencia es que este tipo de régimen minimiza los efectos de desmercantilización, limita el alcance de los derechos sociales y construye un orden estratificado. En la base, una relativa igualdad entre los beneficiarios, pobremente atendidos por los programas de protección social; por encima de ellos, diferentes grupos con niveles de atención más amplios y eficientes suministrados por el mercado. El Estado de bienestar liberal arraigó en países como Estados Unidos, Canadá y Australia.
El Estado de bienestar conservador y fuertemente corporativista predominó en naciones como Austria, Francia, Alemania e Italia. Uno de sus principios rectores consistió en preservar las diferencias de status. Por lo tanto, cada clase y jerarquía social era beneficiada con derechos diferenciados. En Alemania, por ejemplo, los trabajadores de cuello blanco recibían beneficios de mayor nivel que los obreros manuales. No obstante, en los años dorados, cuando el paro no era aún un problema, el Estado era un buen proveedor de bienestar social para quienes gozaban de empleo. En consecuencia, los seguros particulares y los beneficios adicionales jugaron de hecho un papel marginal. Fueron particularmente privilegiados los empleados públicos, sobre la base de contar con su lealtad hacia la autoridad central. Por lo general los regímenes corporativistas fueron influidos por la Iglesia y estuvieron fuertemente comprometidos con la conservación de la familia tradicional. La seguridad social solía excluir a las mujeres que no trabajaban, y los subsidios familiares estimulaban la maternidad. Estado y familia eran los dos pilares que sostenían al individuo, y aquel estaba concebido para reforzar y elevar el nivel de la asistencia que ofrecía la familia a sus miembros.
El Estado de bienestar socialdemócrata alcanzó su mayor desarrollo en los países escandinavos. Más que atender las necesidades mínimas y tolerar un dualismo entre Estado y mercado, entre la clase obrera y la clase media, los socialdemócratas buscaron promover la igualdad en el acceso a los bienes sociales más elevados. Esto implicó, en primer lugar, que los servicios y prestaciones se elevaran hasta unos niveles equiparables con los gustos más particularizados de la nueva clase media; y en segundo lugar, que se garantizaran a los obreros los mismos servicios que disfrutaban los más pudientes. Todos los estratos quedaron incluidos en un sistema de seguro universal, si bien los subsidios se graduaron de acuerdo con los ingresos habituales. Este modelo relegó al mercado y avanzó hacia una solidaridad extendida. Todos tenían subsidios, todos dependían de los servicios públicos y, probablemente todos se sentían obligados a pagar. Esta política liberó al individuo de su dependencia de la familia tradicional, básicamente a las mujeres. El Estado asumió gran parte de las tareas reservadas al ama de casa para que esta ingresara al mundo del trabajo. Paradójicamente, las mujeres dejaron su hogar para emplearse, en su gran mayoría, como trabajadoras sociales en el cuidado de los niños, los viejos y la atención de la salud, mientras que en aquellas actividades ya ocupadas por los hombres quedaron relegadas. En contraste con el modelo corporativista, el Estado de bienestar socialdemócrata no pretendió la complementación de la familia, sino que socializó los costes de reproducción de los miembros de la sociedad. Se pretendió generar condiciones que favoreciesen la independencia individual; en cierto sentido, este tipo de Estado combinó aspiraciones liberales y socialistas. Uno de sus objetivos centrales fue mantener el pleno empleo; en esta empresa aunaron esfuerzos el empresariado, el movimiento sindical y la burocracia estatal a través de una red de acuerdos que todos respetaron. Los capitalistas crearon trabajo a través de inversiones con tasas de ganancia atractivas, el movimiento sindical negoció la indexación del salario en términos que no afectaran la tasa de ganancia y hubiera inversiones, el Estado capacitó a la fuerza de trabajo para que pudiera adaptarse a los cambios promovidos por los empresarios en la localización y organización de sus industrias.

Los países del Este asiático que deben su ventaja competitiva en gran parte a sus favorables costos laborales se mostraron muy prudentes respecto de los avances de los programas del Estado de bienestar. Sin embargo, concedieron gran importancia a la existencia de una fuerza de trabajo bien instruida. Comparte con el modelo de Europa continental una red muy poco desarrollada de servicios de atención a los niños y viejos, confiando su atención a la familia. En Japón en 1970, el 77 % de las persona mayores vivían con sus hijos, y en 1992, el 65 %. En Corea del Sur, en 1992, el 76 % vive con sus hijos, el 44 % tiene una dependencia económica completa. Los programas embrionarios de seguridad social tienden a seguir la tradición corporativa europea de planes segmentados laboralmente, que favorecen a ciertos grupos asalariados bastante privilegiados: funcionarios públicos, maestros o militares. El vacío de protección social alentó el auge de planes de cobertura de las empresas, especialmente en Japón, aspecto que comparte con Estados Unidos.
Los Estados de bienestar de Europa occidental y los desarrollistas del este de Asia se forjaron en sociedades de fisonomía muy diferente y con prioridades políticas también muy distintas. Pero en el vínculo entre Estados y economías presentaron dos importantes rasgos en común. En primer lugar, ambos mantuvieron una decidida orientación hacia el exterior, dependieron en gran medida de las exportaciones al mercado mundial. En los países ricos de la OCDE hubo una correlación positiva y coherente entre el vínculo con el mercado mundial y la largueza de los derechos sociales: cuanto más dependía un país de las exportaciones, mayor era su generosidad social: este fue el caso de los países escandinavos. En segundo lugar, pese a esta receptividad hacia el exterior, ni los Estados de bienestar ni los desarrollistas estuvieron del todo abiertos a las fluctuaciones del mercado mundial. Ambos establecieron, y mantienen, sistemas de protección de la producción doméstica. Japón y Corea del Sur impusieron sostenidas y eficaces vallas a la inversión extranjera.


El Estado de Bienestar

Con la crisis de Wall Street de los años 30 se comienza a pensar que el Mercado por sí solo no garantiza la adecuada distribución de recursos y un crecimiento económico equilibrado, y por tanto, que el Estado debe intervenir en la distribución de los recursos y la renta[9].  Después de la Segunda Guerra Mundial se produce un importante crecimiento económico, acompañado de una fuerte presión social para distribuir la renta y la riqueza.  Además, la progresiva implantación del sufragio universal y el clima de consenso alcanzado (González y Torres, 1992)[10] hace que el Estado por primera vez pase a ser el protagonista absoluto de la protección social.  Mientras antes se trataba de proteger a la sociedad de la avaricia del Estado, a partir de este momento se invierten los papeles y se trata de proteger a la sociedad a través de la acción del Estado (Cerdeira, 1989)[11].
La implantación del Estado de Bienestar parecía dejar prácticamente la resolución de los problemas y conflictos en manos del Estado: es decir su protagonismo y consolidación como único sistema de acción adecuado para satisfacer las necesidades de los ciudadanos.  Esto hace que este tipo de Estados se caracterice por un constante aumento de su estructura, elevado gasto social en proporción al P.N.B. y un importante desarrollo del sector público.  El Estado de Bienestar propicia los siguientes cambios:
  • La introducción y ampliación de una serie de servicios sociales entre ellos la seguridad social.
  • Mantenimiento del pleno empleo como objetivo político primordial.
  • Nacionalización de servicios fundamentales.