lunes, 23 de septiembre de 2013

Desarrollismo

CONCEPTO DESARROLLISMO: Políticas económicas aplicadas en varios países de América latina por gobiernos de diversos signos políticos que procuraron enfrentar los problemas del atraso, el estancamiento y la insuficiencia de las economías de la región, a través de la industrialización tendiente a lograr la autosustentación económica. Ante la ausencia de un plan de asistencia económica y frente a la necesidad de inversiones, para resolver los problemas de desarrollo se recurrió a capitales privados extranjeros.

Juscelino Kubitschek en Brasil y Arturo Frondizi en la Argentina atrajeron con éxito inversiones externas privadas en un nivel no alcanzado hasta entonces. Se radicaron industrias automotrices, eléctricas, químicas y de bienes de capital, en el caso del Brasil; y también de explotación petrolera en la Argentina. El resultado de la aplicación de estas políticas económicas fue el establecimiento del capital privado extranjero en la estructura productiva interna y un endeudamiento creciente.

En 1961, por el temor de que el ejemplo de la revolución cubana se extendiera al resto de América latina, Estados Unidos propuso la Alianza para el Progreso: una década de desarrollo económico planificado y de reforma social en la región, para lo cual ese país colaboraría con veinte mil millones de dólares en ese período, destinados a créditos de largo plazo y baja amortización. El plan fracasó debido a la escasa fluidez de los empréstitos, a la inestabilidad política de la región y al asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy, su férreo defensor.

La tendencia planteada por EE.UU. se afianzó en los años siguientes: la inversión privada norteamericana directa aumentó, y con ella, el endeudamiento externo latinoamericano. Los créditos públicos fueron usados en su mayoría para cubrir los servicios de la deuda con lo cual se acentuó el desequilibrio de la balanza comercial de los países latinoamericanos a favor de EE. UU.
Fuente Consultada: Diccionario de los Movimientos del Siglo XX

Populismo, ideas generales


De la revolucion Libertadora y la resistencia peronista


La "Revolución Libertadora"



El 16 de junio de 1955, elementos golpistas de la Armada argentina y de su sección aérea lanzaron una rebelión en Buenos Aires (bombardeo de Plaza de Mayo). Sin embargo, el Ejército se mantuvo leal al gobierno constitucional y el levantamiento fue pronto sofocado. En las semanas siguientes aumentó la tensión a medida que distintas facciones dentro del gobierno y de las Fuerzas Armadas tomaban posiciones. Finalmente, el 16 de septiembre de 1955, grupos insurgentes golpistas de las tres armas lanzaron una rebelión concertada, llamada la 'Revolución Libertadora' después de tres días de enfrentamientos, durante los cuales murieron unas 4.000 personas, Perón se vio obligado renunciar y se refugió en una cañonera paraguaya anclada en el puerto de Buenos Aires. El 20 de septiembre, el líder de los golpistas, el general de división Eduardo Lonardi, asumió la presidencia provisional, prometiendo restablecer la democracia. Desde el balcón de la Casa Rosada expresó en su discurso que no habría ni "vencedores ni vencidos" y que el régimen instaurado duraría lo mínimo necesario para reorganizar el país. Eduardo Lonardi fue presidente por pocos meses debido a que no hizo un corte duro con el peronismo. Perón se marchó al exilio, primero a Paraguay y posteriormente a Venezuela, República Dominicana y España.

La llamada "Revolución Libertadora", triunfante en setiembre de 1955 se extendió hasta 1958, fecha que asumió nuevamente un presidente elegido por sufragio popular, Arturo Frondizi.

El Golpe de Estado de 1955 fue presentado ante la opinión pública como la recuperación de la tradición republicana, iniciada en la Revolución de Mayo de 1810, frente al gobierno de Perón caratulado de "segunda Tiranía". La primera, según el pensamiento liberal, había sido el gobierno de Juan Manuel de Rosas

La dirigencia gremial comprometida con el gobierno depuesto renunció y fue reemplazada por una nueva, también de tendencia peronista. En un principio no se intervino la C.G.T., tratándose de buscar un acercamiento con sus líderes.
El Congreso Nacional se disolvió; las provincias fueron intervenidas; a los miembros de la Corte Suprema de Justicia se los dejó cesantes; se creó una Comisión Nacional de Investigaciones destinada a actuar contra el peronismo.

La política de Lonardi, respaldada por ultracatólicos y nacionalistas, despertó la oposición de quienes reclamaban medidas más duras y nada conciliadoras. Un golpe interno en las Fuerzas Armadas, determinó el día 13 de noviembre su reemplazo por el General Pedro Eugenio Aramburu como Presidente Provisional de la Nación, asociado al Almirante Isaac Rojas, nuevamente como vicepresidente.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Para 5º 4ª E.E.M.Nº 8 Estado de Bienestar


5º 4ª - Estado de Bienestar

El Estado de bienestar


Fue creado en la Europa de posguerra, puede definirse como la institucionalización de los derechos sociales de los ciudadanos.  El Estado provee a los ciudadanos determinadas prestaciones en forma de subsidios, ayudas o pensiones, y brinda un conjunto de servicios sociales, generalmente, en materia de salud y educación.

El estado de bienestar es el conjunto de servicios sociales (pensiones, cobertura de desempleo, salud, educación) que garantizan a los ciudadanos un nivel de subsistencia.

Originalmente, al tratar de frecer a todos los ciudadanos unos servicios mínimos en forma de prestaciones como educación, salud, salario mínimo, pensiones, cobertura de desempleo,etc., pretendía erradicar la pobreza en Europa tras la guerra.  El estado de bienestar contribuyó a vertebrar la Europa arruinada por la Segunda Guerra Mundial en un concenso sin precedentes, y logró una convivencia difícil de alcanzar.  Mediante este proceso, el Estado se convirtió en una especie de árbitro para las distintas clases sociales y paralelamente, despolitizó y desautorizó las posibles revueltas sociales en aquellos lugares en que las desigualdades eran muy acusadas.  De esta forma se intentaba evitar el contagio de las ideas comunistas que regían entonces en Europa del Este.

Como resultado, el estado de bienestar es, desde hace medio siglo, un elemento clave de la cultura europea y ha caracterizado un modelo de crecimiento a largo plazo.

El ejemplo europeo fue seguido por otros países.  En América Latina, sobre todo, el Estado sumió funciones similares luego de la Segunda Guerra Mundial.

El debate sobre el estado de bienestar


Se ha abierto un debate central, algunos se preguntan si el estado de bienestar no se ha convertido en una rémora (obstáculo que detienen o entorpece)  para el futuro.  La clave radica en saber si las iniciativas lanzadas para aliviar la pobreza están provocando hoy déficits públicos ingobernables y aumentos del desempleo, pues propician salarios elevados que tienen como marco de referencia unos subsidios de desempleo que no invitan a trabajar.  Se cree que las subvenciones creadas por el estado de bienestar han limitado los incentivos para trabajar.

La magnitud de la quiebra fiscal del Estado, originada por una necesidad creciente de prestaciones y un menor número de contribuyentes, la cuestión para debatir es si existe la posibilidad de mantener los sistemas de protección social y a la vez generar empleo.

El estado de bienestar ha funcionado mientras la prosperidad hizo posible un aumento de la presión fiscal que compensase las desigualdades más extremas, mediante un aumento de los servicios sociales.  Cuando los ritmos de crecimiento disminuyeron, los déficit públicos empezaron a hacerse excesivos.

En América Latina en general y en Argentina en particular, buena parte del estado de bienestar fue desmantelado en los años noventa durante el auge de las políticas económicas de cuño neoliberal.  La crisis en que culminaron tales políticas obligó a generar nuevos mecanismos de lucha contra la pobreza.  En nuestro país en 2002 se implementaron los planes Jefes y Jefas de Hogar Desocupados.


El futuro del estado de bienestar

Existen tres posturas:  
·                     Los neoliberales sostienen que el estado de bienestar debe ser desmantelado para que actúen las fuerzas del mercado, pues genera más ineficiencias que beneficios.
·                     Otros que debe reformarse, para hacerlo compatible con la necesaria contención del gasto público, lo que implica profundos recortes en algunas de las prestaciones.
·                     Los defensores de una tercera postura afirman que el estado de bienestar forma parte esencial de la lucha contra la desigualdad y en consecuencia debe mantenerse.
Al margen de las distintas opiniones políticas, las fuerza de los hechos está demostrando que el estado de bienestar precisa una reforma y actualización que permita que aquellos que realmente lo necesiten, puedan ejercer los derechos adquiridos.  Así buena parte de slos países europeos ha iniciado un proceso de revisión de los niveles de asistencia, en unos casos al alza y en otros  a la baja, evitando ineficiencias y eliminando los corporativismos.


TIPOS DE ESTADO DE BIENESTAR


III. Los años dorados en el capitalismo central

Sobre la base del grado de desmercantilización y teniendo en cuenta quiénes promovieron el Estado de bienestar, existe un destacado consenso en reconoce tres principales tipos de Estado de bienestar: el liberal, el conservador y el socialdemócrata. El primero se basa ante todo en un principio de asistencia social con verificación de ingresos. Los niveles de los subsidios –pensiones, salud, desempleo– son bajos y se les suman pensiones complementarias y seguros de salud privados (o negociados por los sindicatos), que a su vez se ven favorecidos por exenciones impositivas concedidas a empresas privadas. Los servicios de bienestar se encomiendan en gran medida al mercado. La consecuencia es que este tipo de régimen minimiza los efectos de desmercantilización, limita el alcance de los derechos sociales y construye un orden estratificado. En la base, una relativa igualdad entre los beneficiarios, pobremente atendidos por los programas de protección social; por encima de ellos, diferentes grupos con niveles de atención más amplios y eficientes suministrados por el mercado. El Estado de bienestar liberal arraigó en países como Estados Unidos, Canadá y Australia.
El Estado de bienestar conservador y fuertemente corporativista predominó en naciones como Austria, Francia, Alemania e Italia. Uno de sus principios rectores consistió en preservar las diferencias de status. Por lo tanto, cada clase y jerarquía social era beneficiada con derechos diferenciados. En Alemania, por ejemplo, los trabajadores de cuello blanco recibían beneficios de mayor nivel que los obreros manuales. No obstante, en los años dorados, cuando el paro no era aún un problema, el Estado era un buen proveedor de bienestar social para quienes gozaban de empleo. En consecuencia, los seguros particulares y los beneficios adicionales jugaron de hecho un papel marginal. Fueron particularmente privilegiados los empleados públicos, sobre la base de contar con su lealtad hacia la autoridad central. Por lo general los regímenes corporativistas fueron influidos por la Iglesia y estuvieron fuertemente comprometidos con la conservación de la familia tradicional. La seguridad social solía excluir a las mujeres que no trabajaban, y los subsidios familiares estimulaban la maternidad. Estado y familia eran los dos pilares que sostenían al individuo, y aquel estaba concebido para reforzar y elevar el nivel de la asistencia que ofrecía la familia a sus miembros.
El Estado de bienestar socialdemócrata alcanzó su mayor desarrollo en los países escandinavos. Más que atender las necesidades mínimas y tolerar un dualismo entre Estado y mercado, entre la clase obrera y la clase media, los socialdemócratas buscaron promover la igualdad en el acceso a los bienes sociales más elevados. Esto implicó, en primer lugar, que los servicios y prestaciones se elevaran hasta unos niveles equiparables con los gustos más particularizados de la nueva clase media; y en segundo lugar, que se garantizaran a los obreros los mismos servicios que disfrutaban los más pudientes. Todos los estratos quedaron incluidos en un sistema de seguro universal, si bien los subsidios se graduaron de acuerdo con los ingresos habituales. Este modelo relegó al mercado y avanzó hacia una solidaridad extendida. Todos tenían subsidios, todos dependían de los servicios públicos y, probablemente todos se sentían obligados a pagar. Esta política liberó al individuo de su dependencia de la familia tradicional, básicamente a las mujeres. El Estado asumió gran parte de las tareas reservadas al ama de casa para que esta ingresara al mundo del trabajo. Paradójicamente, las mujeres dejaron su hogar para emplearse, en su gran mayoría, como trabajadoras sociales en el cuidado de los niños, los viejos y la atención de la salud, mientras que en aquellas actividades ya ocupadas por los hombres quedaron relegadas. En contraste con el modelo corporativista, el Estado de bienestar socialdemócrata no pretendió la complementación de la familia, sino que socializó los costes de reproducción de los miembros de la sociedad. Se pretendió generar condiciones que favoreciesen la independencia individual; en cierto sentido, este tipo de Estado combinó aspiraciones liberales y socialistas. Uno de sus objetivos centrales fue mantener el pleno empleo; en esta empresa aunaron esfuerzos el empresariado, el movimiento sindical y la burocracia estatal a través de una red de acuerdos que todos respetaron. Los capitalistas crearon trabajo a través de inversiones con tasas de ganancia atractivas, el movimiento sindical negoció la indexación del salario en términos que no afectaran la tasa de ganancia y hubiera inversiones, el Estado capacitó a la fuerza de trabajo para que pudiera adaptarse a los cambios promovidos por los empresarios en la localización y organización de sus industrias.

Los países del Este asiático que deben su ventaja competitiva en gran parte a sus favorables costos laborales se mostraron muy prudentes respecto de los avances de los programas del Estado de bienestar. Sin embargo, concedieron gran importancia a la existencia de una fuerza de trabajo bien instruida. Comparte con el modelo de Europa continental una red muy poco desarrollada de servicios de atención a los niños y viejos, confiando su atención a la familia. En Japón en 1970, el 77 % de las persona mayores vivían con sus hijos, y en 1992, el 65 %. En Corea del Sur, en 1992, el 76 % vive con sus hijos, el 44 % tiene una dependencia económica completa. Los programas embrionarios de seguridad social tienden a seguir la tradición corporativa europea de planes segmentados laboralmente, que favorecen a ciertos grupos asalariados bastante privilegiados: funcionarios públicos, maestros o militares. El vacío de protección social alentó el auge de planes de cobertura de las empresas, especialmente en Japón, aspecto que comparte con Estados Unidos.
Los Estados de bienestar de Europa occidental y los desarrollistas del este de Asia se forjaron en sociedades de fisonomía muy diferente y con prioridades políticas también muy distintas. Pero en el vínculo entre Estados y economías presentaron dos importantes rasgos en común. En primer lugar, ambos mantuvieron una decidida orientación hacia el exterior, dependieron en gran medida de las exportaciones al mercado mundial. En los países ricos de la OCDE hubo una correlación positiva y coherente entre el vínculo con el mercado mundial y la largueza de los derechos sociales: cuanto más dependía un país de las exportaciones, mayor era su generosidad social: este fue el caso de los países escandinavos. En segundo lugar, pese a esta receptividad hacia el exterior, ni los Estados de bienestar ni los desarrollistas estuvieron del todo abiertos a las fluctuaciones del mercado mundial. Ambos establecieron, y mantienen, sistemas de protección de la producción doméstica. Japón y Corea del Sur impusieron sostenidas y eficaces vallas a la inversión extranjera.


El Estado de Bienestar

Con la crisis de Wall Street de los años 30 se comienza a pensar que el Mercado por sí solo no garantiza la adecuada distribución de recursos y un crecimiento económico equilibrado, y por tanto, que el Estado debe intervenir en la distribución de los recursos y la renta[9].  Después de la Segunda Guerra Mundial se produce un importante crecimiento económico, acompañado de una fuerte presión social para distribuir la renta y la riqueza.  Además, la progresiva implantación del sufragio universal y el clima de consenso alcanzado (González y Torres, 1992)[10] hace que el Estado por primera vez pase a ser el protagonista absoluto de la protección social.  Mientras antes se trataba de proteger a la sociedad de la avaricia del Estado, a partir de este momento se invierten los papeles y se trata de proteger a la sociedad a través de la acción del Estado (Cerdeira, 1989)[11].
La implantación del Estado de Bienestar parecía dejar prácticamente la resolución de los problemas y conflictos en manos del Estado: es decir su protagonismo y consolidación como único sistema de acción adecuado para satisfacer las necesidades de los ciudadanos.  Esto hace que este tipo de Estados se caracterice por un constante aumento de su estructura, elevado gasto social en proporción al P.N.B. y un importante desarrollo del sector público.  El Estado de Bienestar propicia los siguientes cambios:
  • La introducción y ampliación de una serie de servicios sociales entre ellos la seguridad social.
  • Mantenimiento del pleno empleo como objetivo político primordial.
  • Nacionalización de servicios fundamentales.


domingo, 21 de julio de 2013

LA OPOSICION A PERÓN


Latinoamérica: Cambio de rumbo político y económico




Estación de Servicio PEMEX en 1940
Nacionalismo y populismoson dos conceptos que caracterizan la orientación de las transformaciones que protagonizaron la mayoría de las sociedades de América Latina desde fines de la década de 1930 hasta mediados de la década de 1960.
A partir de 1930, para los grupos dirigentes que controlaban el Estado, el impulso a la industrialización resultó una estrategia que les permitía enfrentar las consecuencias de la crisis económica mundial y dar respuesta a los reclamos de los sectores asalariados que exigían participación política y participación en la redistribución de la riqueza. La fuerte intervención de los Estados latinoamericanos y la industrialización por sustitución de importaciones generaron un aumento en el empleo de la fuerza de trabajo asalariada, los trabajadores accedían al consumo.

Esta nueva forma de organizar la economía fue denominada de“crecimiento hacia adentro”porque los ingresos provenían no solo de las exportaciones sino también del consumo de bienes producidos localmente para el abastecimiento interno.
Los Estados latinoamericanos jugaron un papel decisivo en la progresiva orientación de la economía hacia la producción del mercado interno. Intervinieron activamente para proteger la producción industrial local, por ejemplo fijando aranceles a los productos extranjeros, otorgando créditos ventajosas al sector empresarial privado local, realizando inversiones públicas destinadas a la creación de infraestructura (producción de acero y petróleo), así como también la nacionalización de recursos considerados claves para el desarrollo de cada país.

Insignia de la CORFO
Según la premisa del nacionalismo económico latinoamericano de las décadas de 1940 y 1950, cada sociedad y cada Estado debía tener el control de los recursos naturales vitales localizados en el territorio, para estar en condiciones de llevar adelante una fuerte redistribución de la riqueza a favor de los sectores populares.

En México Lázaro Cárdenas expropió las compañías petroleras estadounidenses y todos sus bienes, PEMEX (Petróleo Mexicano) se hizo cargo de la explotación en todo el país. Getulio Vargas en Brasil dictó medidas para asegurar el control nacional de la industria siderúrgica y creó Petrobras y Electrobras. 
En Chile el presidente Pedro Aguirre Cerda crea CORFO (Corporación de Fomento de la Producción), el Estado chileno transfirió parte de los ingresos fiscales provenientes de las exportaciones de cobre al sector industrial local. En la Argentina el presidente Juan D. Perón nacionaliza los ferrocarriles, los depósitos del Banco Central, los teléfonos y el gas y estableció el monopolio estatal sobre el comercio exterior. En Guatemala el presidente Juan José Arévalo, crea el Banco Central y el Instituto de Fomento de la Producción (INFOP) para el desarrollo de la industria y la agricultura




La expansión de las empresas multinacionales


El “Plan Marshall”
Finalizada la guerra, Europa quedó con su aparato productivo semidestruido, sin materias primas, endeudada con los Estados Unidos y con los países derrotados obligados a pagar indemnizaciones de guerra. Las vías para salir de la crisis eran dos:
  •      seguir el modelo soviético: rápida recuperación sobre la base de una industria planificada por el Estado y la reducción del consumo.
  •        promover el desarrollo industrial de tipo capitalista: para lo cual era necesaria una fuerte inversión de capitales que solo Estados Unidos podía proveer.

Los países del este europeo siguieron el camino soviético, mientras que los de occidente mantuvieron su economía capitalista a partir de la implementación del Programa de Reconstrucción Europea, conocido como “Plan Marshall”. Puesto en marcha en junio de 1947 estuvo destinado a promover la recuperación económica europea a través de préstamos a bajo interés para la industria.
La asistencia de Estados Unidos tuvo objetivos políticos y económicos: detener el posible avance del comunismo y recuperar Europa como un mercado en el cual colocar su producción. 
El Plan fue aceptado por dieciséis países, para 1952 la producción industrial de Europa Occidental era un 35% superior a la de antes de la guerra.  No obstante, algunos sectores políticos de izquierda criticaron el plan de asistencia financiera por considerarlo como parte de una política de “expansión imperialista”. 

La expansión económica capitalista
A partir de la posguerra la mayoría de los países capitalistas industrializados vivieron una fuerte expansión económica. La industria estadounidense mantuvo el ritmo de crecimiento experimentado  desde la Segunda Guerra Mundial, mientras que los países industrializados de Europa Occidental y Japón reconstruyeron sus economías e incrementaron los niveles de producción e inversión.
No obstante, las poblaciones de los países de Asia, África y América Latina no gozaron de los beneficios de la expansión económica. Se fue estableciendo una brecha cada vez mayor entre la prosperidad de los países del “primer mundo” y la realidad social de pobreza y marginación de los habitantes de los países periféricos del “tercer mundo”.
La expansión económica capitalista se basó en la consolidación de empresas transnacionales que controlaron la producción y el intercambio comercial en forma monopólica. Estas grandes corporaciones de capitales estadounidenses en su mayoría, expandieron sus negocios hacia todos los continentes a través de “filiales”. Las principales inversiones de estas empresas se localizaron en los sectores automotriz, petrolero y bancario.
Al mismo tiempo la actividad industrial se orientó hacia la producción en gran escala de bienes y servicios  destinados al consumo de masas, por ejemplo en las sociedades industrializadas se incrementó la demanda de automóviles, bicicletas, indumentaria, electrodomésticos, etc., la propaganda de la época intentaba asociar la imagen de la felicidad con la adquisición de artículos para el confort hogareño.

Estado de Bienestar

El Estado de Bienestar
El Estado de Bienestar: Analizaremos cómo se constituye el llamado “estado de bienestar” desde lo global. El mismo surge como respuesta del propio sistema capitalista mundial a la crisis del ’29 cuyo máximo teórico es John M. Keynes.
Fue Keynes, quien aportó líneas de acción superadoras de la crisis e hizo alusión al rol del estado en esta coyuntura. Ya la Primera Guerra había provocado, en muchos países, situaciones de riesgo a las economías nacionales, lo que había obligado a abandonar la idea de un Estado abstencionista en materia económica. La crisis del ´29, es vista como una crisis de todo el sistema en su conjunto, pero del sistema capitalista. Dice el historiador Hobsbawm: “(…) Ahora bien, una vez que el capitalismo liberal había conseguido sobrevivir –a duras penas- el triple reto de la Depresión, el fascismo y la guerra, parecía tener que hacer frente todavía al avance global de la revolución, cuyas fuerzas podían agruparse en torno a la URSS, que había emergido de la segunda guerra mundial como una superpotencia. (…) El principal interrogante al que deben dar respuesta los historiadores del siglo XX es cómo y por qué tras la segunda guerra mundial el capitalismo inició – para sorpresa de todos- la edad de oro, sin precedentes, y tal vez anómala, de 1947-1973. No existe todavía una respuesta que tenga el consenso general… (…)” (Hobsbawn, Eric, “Historia del siglo XX”, Ed. Crítica, 1997, pág. 18).
La crisis del sistema capitalista, que no afectó a la ex Unión Soviética, obliga al Estado, a realizar medidas dirigistas, corporativistas, intervencionistas (aunque volvamos a aclarar: ¡el Estado siempre interviene!). ¿Cuál va a ser el rol que se le va asignar al Estado en este periodo? El Estado va a ser pensado como activo agente de la economía, desde la regulación e incentivación de la producción; desde el control de los mercados, del consumo, de la producción, del comercio exterior; desde la elaboración de nuevas leyes que reglamenten el funcionamiento económico; desde la planificación de las medidas a adoptar; desde la nacionalización de empresas, etc. Es que, siguiendo a Keynes, la idea era, incentivar el consumo, la demanda de bienes en oposición a la teoría del pensamiento clásico en la que el mercado es una espontánea fuerza reguladora de la economía, donde la oferta y la demanda (tanto de bienes y de mano de obra) se crean mutuamente, se generan mutuamente. A partir de las teorías keynesianas, surge también la idea de la plena ocupación y del pleno empleo como generador de más demanda de productos y más consumo.
El Estado pasa así, a intervenir para garantizar cierto nivel de ocupación y de consumo, incentivando la economía por medio de políticas que aseguren su funcionamiento. El Estado, asume el rol de protector tanto de los consumidores como de empresarios a fin de impedir los abusos de los sectores monopolistas.
En resumen, el “Estado de Bienestar” (“Welfare state”) pretende, frente a los avances de la economía, regular el funcionamiento de la sociedad. Surgió desde lo global (desde los países centrales e industrializados) como necesidad de subsistencia del propio sistema, pero también fue modelo en los países periféricos. Si bien, este tipo de Estado, no trata de transformar la estructura del sistema económico, intenta remediar las deficiencias adoptando medidas que mejoren los servicios de salud, educación, cultura, seguridad y defensa del ambiente. El “Estado de Bienestar” interviene subsidiando actividades correctivas de las desigualdades sociales, trata de resolver los problemas graves dentro de la estructura del Estado Liberal. La idea para el “Estado de Bienestar” es que es necesario intervenir, porque si se deja a la sociedad librada a su suerte, se cae en una irracionalidad donde los que más tienen tienden a incentivar aún más las diferencias sociales y económicas. El Estado, entonces, no debe limitarse a garantizar el funcionamiento del sistema sino que debe ser regulador de las relaciones sociales y fundamentalmente debe hacerse cargo de la “justicia distributiva” de los recursos, o sea ser un Estado “incluyente”.
Pasando a las implicancias de todo lo dicho anteriormente, al nivel de lo Local, a lo que pasaba en esta etapa en Argentina y en América Latina en general, el rol del Estado en el periodo de Industrialización tiene un cambio cualitativo con respecto al que había tenido en el periodo anterior (“modelo agroexportador” en el que representaba exclusivamente los intereses de las clases dominantes).
En la etapa de la economía primaria exportadora, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIX, el Estado toma una posición decidida en el proceso, a través de la organización y la promoción de las inversiones en ferrocarriles e infraestructura y en el poblamiento de la zona pampeana. En ese periodo (1860-1930) el Estado integró al país en el sistema de división internacional del trabajo, organizó el sistema monetario en torno al patrón oro y una política arancelaria abierta a la importación de manufacturas. Se organizó el Estado de derecho liberal liderado por los sectores vinculados a la producción agropecuaria y a los intereses internacionales asociados a los grupos locales dominantes en ese sector dinámico.

En la nueva etapa, al asumir la industria, el papel protagónico del proceso de desarrollo, y la protección arancelaria y otras medidas de fomento, un rol central en la evolución de la economía, el Estado asumió responsabilidades mucho más complejas: “Entre ellas se incluye no sólo el nivel y la estructura de la protección arancelaria sino, también, la política de financiamiento de promoción del intercambio tecnológico, de precios relativos agroindustriales y otras cuestiones importantes.” (Peralta Ramos, Mónica. “Etapas de acumulación y alianzas de clases en la Argentina (1930-1970)”).

En el nivel global, los países capitalistas obtuvieron durante este periodo inmejorables ganancias y una notable mejoría económica. Por primera vez apareció un sistema de consumo masivo basado en el pleno empleo y en el aumento constante del poder adquisitivo con la cobertura social financiada por el incremento de los ingresos del Estado.
Finalmente, el “estado de bienestar” entró en crisis a fines de los ´60 y comienzo de los ´70. El equilibro vital de su funcionamiento se vio alterado por el aumento de la producción y la capacidad del mercado de absolverlo. Es decir, mucha oferta y poca demanda. A todo esto se le sumó la denominada “crisis del petróleo” de 1973, que generó una importante disminución de las ganancias de las empresas y paralelamente una disminución en el poder adquisitivo de los trabajadores. Las empresas privadas culparon al “estado de bienestar” por esto y comenzaron una nueva etapa, una nueva fase capitalista: “Tecnológica Financiera” con el neoliberalismo comandando política e ideológicamente el proceso.